Cuentos, relatos, misceláneas...

lunes, julio 31, 2006

la llegada del homo-lunaris a la tierrra

Nomás bajar de la nave aulló espantado: - ¡Joder! ¡Pero si aquí son iguales! ¡Vayámonos ahora mismo, Lunático! –

lunes, marzo 13, 2006

La españolidad y sus inmigrantes

-Y la verdad es que sí, hasta a mí, que sabes como soy, me pareció exageradamente violento y desconcertante…-

- ¿Así? ¿De la nada, apareció? -

- Sí. Sentí una mano en el cuello, me giré y ahí estaba -

-“¡Si no te gusta como tratamos aquí a los inmigrantes, vete pa´tu tierra…!” Entonces, ya de pie, con un manotazo le saqué la mano del cuello. En eso apareció un compañero de la mesa en que estaba sentado. Catalán el tío, lo tuve que parar, porque se le iba encima al otro. Que a su vez, intentó zamparme otro manotazo. Me quité en el último centímetro y siguió de largo hasta dar sobre la bandeja que llevaba la camarera, que en estos casos no puede ser de otra manera, pasaba por detrás -

- Pero hay una cosa que no termino de entender… ¿Porqué el tipo te dijo esto de como se trata a los inmigrantes, a cuento de que…? -

- Me estaba escuchando, viste como es, al cabo de un rato de haber entrado, ya me había dado cuenta de que ese grupete estaba con la orejita parada. Y te digo más, había dos argentinos con ellos. Y en mi mesa se hablaba como se habla un viernes y de copas: Alto y con cierto, si querés, descaro…-

- Bueno, ¿Y que pasó? -

- Ahí quedó, no muchos más… El Catalán lo mandó a la mierda y le dijo que si no le gustaba como trataban en Catalunya a los inmigrantes que se fuera a Albacete o a Valladolid -

- ¿¡Y porqué le dijo eso!? -

- Ah, bueno, no… Eso es otra historia. Digamos que el español le contestó al catalán que él era catalán, pero el catalán, por como el español pronunció España (poniendo énfasis en la p y en la ñ) le dijo que no era catalán…-

- O sea que el español, que dice que es catalán…-

- No, no. No dice que “es”, dice que “también” es catalán, pero antes, español… Mientras que el catalán le dice que si es español, no es catalán… Porque así es como se identifica…

- ¿Podría decirse que será catalán en tanto no sea español? –


- Depende, no necesariamente… Se dice que se es muchas cosas y se dan combinaciones diversas. Está el español que se dice español, y luego catalán. También puede ser a la inversa: Que resalta su condición de catalán, pero que se considera al mismo tiempo español…

- Bueno, eso tiene más sentido: Es la patria chica, su provincia. Un mendocino puede decirse mendocino y argentino… y al revés… Es el amor que cada uno tiene con su provincia… -

- Claro, pero Catalunya no es una provincia -

- ¿Ah no? ¿Y que es? -

- Actualmente, es una Comunidad Autónoma…-

- ¿Una Comunidad Autónoma? ¿Y eso? -

- Es la organización territorial que hay en España en estos días, El estado de las autonomías, que cada una tiene sus provincias…

- ¿Entonces si tiene sus provincias es un país…? -

- Según como se mire lo es, pero al mismo tiempo está dentro de otro país… España… -

- Que tiene un presidente…

- Sí, pero Catalunya también lo tiene… -

- ¿Un gobernador? –

- Parecido –

¿Y para que está?

- Por ejemplo, si en Tucumán hay una fiesta provincial importante, es muy probable, que aparte del gobernador y sus ministros, esté también el presidente de la nación, ¿no? -

- Y sí… -

- Bueno allá, no… En Catalunya es impensable que el presidente de España esté el día de la fiesta nacional de Catalunya… Está el president de la Generalitat de Catalunya…

- O sea que es el presidente de un país, que a su vez está en otro país, que también tiene su presidente…

- Y un rey… y su familia…-

¿Y el rey es oriundo de que Comunidad Autónoma?

- De ninguna… Nació en Roma -

- ¿Y la reina? –

- De Grecia… -

- Ché, ahora que decís esto ya entiendo… Sí que está complicado el tema de la inmigración por allá… ¡Hasta los reyes son inmigrantes!...

- Pues sí, es lo que hay…-

jueves, febrero 23, 2006

El cuento de la abuela.

EL cuento de la abuela

Para Mamama


La abuela me contaba en interminables almuerzos de domingo con sabor a siesta, un chiste que transcurría en lo que hoy descubro como una de las dos Españas. No tenía mas de diez años y el chiste se repetía, arrancando las risas de mi padre, mis tías o de alguno de los comensales invitados a la casa de los abuelos, de variopintas procedencias, que hoy recuerdo como cantantes de antaño y de bohemias de diferente calado y arrabal.

El chiste se centraba en la plaza del mercado de algún pueblo del que no había oído jamás. Hoy, podría decir que, quizás, se trataba de Lepes, un pueblo costero de Huelva en Andalucía, de donde, como en Argentina con “los gallegos”, sus naturales son protagonistas de las situaciones que configuran el reír de las gentes de estas tierras ibéricas.

El argumento de la historia es sencillo. Cuenta que un hombre dedicado a las atracciones populares de feria y mercadillo, anuncia desde su puesto un juego adivinatorio, al que llama “El polvillo de adivinar” y que según se dice, atrae a la buena fortuna.

Siempre que oí esta historia imaginé un alboroto de conejos, verduras y novedades, todo alrededor de una plaza con aljibe en el medio, el suelo de tierra y sumergido en la atmósfera colonial que se aprende en la escuela. Los vecinos, se agolpaban alrededor del hombre del polvillo, esperando a que algún visitante que no conocía el truco se decidiera a probar suerte. En el cuento de mi abuela eran siempre vascos, catalanes o ingleses. Ha sido siempre muy castellana, quizás por eso elegía a estos como víctimas del polvillo.

El buen forastero, intrigado por el remolino de gente, se acerca con cortesía al grupo, probablemente con ánimo de conocer los particularismos del lugar alrededor de los juegos. Una vez allí, el hombre del polvillo lo elegirá entre los demás. El forastero se sentirá afortunado y agradecido por la oportunidad. Preguntará como es que hay que hacer, y el hombre del polvillo le dirá:

- Haga usté así (y simulará pasar la mano por el bote donde se encuentra el polvillo)

- Haga usté así (y aparentará lamer del dedo que haya pasado por el bote)

- Y ya está, adivine.

Los curiosos animan al participante con canciones y aplausos… “Aquel que el dedo pase, de buena fortuna presumirá” decían algunos, los demás, se contienen de cualquier gesto delator.

El forastero se decide, pasa el dedo, lame lo que ha juntado, lo saborea y escupiendo todo al suelo, alarida: -¡Joder hombre, pero si esto es mierda!-
El pueblo, extasiado, lo viva, y estalla en alegría. Finalmente, El Feriante del Polvillo dice al forastero: - Muy bien caballero, ha usted adivinado… –

jueves, septiembre 22, 2005

El interrogante

El interrogante
Consecuencias ineludibles de la observación fuera de contexto.

Desde la perspectiva de estas líneas es difícil aportar luz que esclarezca el perfil de los dialoguistas. Sugería que la presencia de los que instantes más tarde serían testigos directos de la trama que nos ocupa, no les afecto nada en absoluto, a pesar de que la presencia de unos pocos testigos, logró transformarse en una gran muchedumbre que no se detendría hasta cargar el ambiente con un barullo sinuoso.

Tras oír con atención la interrogación que le presentaron, el cigarrillo, siguiendo con aplicación lo propuesto en la ley general de la gravedad, viajó desde la altura de su boca, hasta la superficie plana que daba pie a la composición del suelo. La respuesta se haría esperar hasta que la última de las brasas del pitillo, sucumbiera a la fricción provocada por la suela del zapato del único pie izquierdo que le quedaba al dialoguista interrogado. Así pues, sobrevino un gesto que pudo ser preámbulo de la contestación.

Un esbozo de pequeños ademanes se sumó a la composición de la imagen. Y desde distancias cortas, se habría podido oír una sucesión de oralidades, que unidas, configurarían la respuesta definitiva al interrogante perpetrado por el primero de los dialoguistas. Los rumores, que no se hicieron esperar, surgieron de las bocas de aquellos que, por proximidades en la ubicación espacial de los acontecimientos, se encontraban interesados en el asunto desde el principio. Dijeron que, si bien ínfimo, el sonido que se escapó de la órbita íntima en que estaban sumergidos los dialoguistas, invitaba a la presunción de una afirmación convencida. Pasados unos minutos, comenzó a urgirse la afirmación de que el dialoguista otrora receptor - ahora emisor -, sin lugar a dudas, había recibido y comprendido la respuesta. Fue en este momento en que comenzaron a vislumbrarse las primeras posiciones aguerridas. Y, sin formalidades, ni complejos de transición el foco de atención pareció desviarse de los hablantes.

Es preciso apuntar que sendos dialoguistas parecieron coincidir en un juego de movimientos con los pies, que parecía ser alrededor de la colilla precipitada al inicio de esta escena. Parecía que intercalaban el dialogo y el juego. y, si bien los modos de hacer de cada uno no eran los mismos -ni tan siquiera parecidos-, algo irrumpió entre ellos, avivando la avalancha de rumores y presunciones. El debate se acaloró hasta transformarse en hoguera y devolvió a los dos dialoguistas apartados al estrado de las observaciones por parte de los testigos, ahora sí y no antes, prestamistas de la más absoluta atención.

El lector vigilante de la coherencia de este relato, recordará que, líneas arriba, se dejó constancia de la creciente presencia de una muchedumbre que, poco a poco, fue configurando un escenario bochinchero alrededor de los dialoguistas que nos ocupan. Dicho gentío, a su vez, se dividió en dos grupúsculos bien diferenciados. Por un lado, se podía adivinar una especie de mesa redonda muy animada y que transcurría alrededor de asuntos bien diversos, pero con el orden del día -habitualmente rígido y bien establecido- interrumpido súbitamente, se vieron obligados a esquivar diferencias y saltarse habitualidades, hasta lograr un acuerdo unánime con respecto a la situación de la que eran testigos. Gracias al dinamismo que les imprimió la homogénea interpretación de los hechos, pudieron avanzar esgrimiendo conclusiones concretas, que ellos interpretaron como una victoria sobre el grupo al que nos referiremos a continuación. En este, el segundo, y no por ello secundario, situado en un rincón alejado del grupo anterior, estaban interesados por cuestiones bien distintas a las del primer grupo, y no se esforzaron demasiado en lograr una unanimidad como la que ostentaban sus antagonistas. Si bien algunos lograron ciertos mínimos, no fueron pocos los que quedaron al margen, y, sin perder un instante, se agruparon asumiendo su condición minoritaria, a fin de lograr fijar una posición común, la tercera, que aportara algo de equilibrio entre las dos fuerzas anteriores. Pero, tratándose en su mayoría de intransigentes y exaltados, finalmente se extinguieron en el ostracismo propio de los que se mueven alrededor de personalismos de una sola cabeza.

La pareja de dialoguistas continuó en lo suyo largo rato hasta que, sin ningún signo que funcionase como preaviso, decidió marcharse. Salieron bajo la atenta mirada de los miembros de los grupúsculos hegemónicos, los cuales, a su vez, eran observados con recelo por los independientes que aún sobrevivían.

Se sabía que los dialoguistas habían llegado juntos y, siempre desconocedores de la polémica que habían suscitado, se marcharon, presuntamente, de la misma manera.
Esto, y se repite para que quede claro, es una conclusión que se presume, no teniendo mas valor que el de una posibilidad entre otras tantas, y que no deja, ni dejará, de circunscribirse a las infinitas variables que componen los índices necesarios para establecer un catalogo serio de probabilidades concretas.

Es importante aclararlo, porque es sabido que con estas cosas, nunca se sabe…


Nota al pie:
Si bien es cierto que muchos elementos y recursos literarios ausentes en estas líneas, podrían haber alimentado el contexto descriptivo y argumental de este relato, se creyó oportuno, y con el objetivo de evitarles inversiones innecesarias, provocar un vació intencionado, a los efectos de impulsar una actitud participativa, en la que sea el lector quién establezca los criterios y particularidades que considere necesarios alrededor del sentido, la ambientación y los pormenores de esta anécdota de ambiciones aún no definidas.
Por último, se hace extensiva una invitación a todo aquel que se sienta aludido, para ultimar, zanjar, retorcer y prostituir este esbozo con líneas propias o ajenas, apuntando sentimientos, ideas, pareceres… y, claro está, presunciones.

domingo, diciembre 12, 2004

Apúntate un parrafito

Es nomás levantarse y aparece la urgente apetencia narrativa. Salís de la cama con esa idea clavada en la cabeza, un pedacito de sueño que da pie a la esperanza de tener entre manos la idea definitiva, la excelsa manifestación del sujeto en términos de trascendencia y consecución. Café con leche y al ordenador con gesto que oscila dependiendo de lo que llamaremos “género de la cuestión”. Sorbito, palabra. Palabra, sorbito.

“…Soy el espía de larvas, las controlo con ojos serenos. Me llevo siempre un recuerdo para saciar mi egoísmo. Soy prisionero de un ejército microscópico, llegan todas y me poseen, me transformo en marioneta, me muevo como mariposa. Muto…” Una mierda, tengo hambre. Te levantas, abandonando por un momento las revelaciones obtenidas, y durante el trayecto a la cocina el tema en cuestión es absolutamente nutricional. Pan de molde, aceptablemente fresco, mermelada de frambuesa artesanal y una cuchara, resuelven la encrucijada. Es recomendable, también, acompañar el manjar con té o café, con leche más bien clarito.

En ocasiones, la comilona, pretende ser un desbloqueo creativo. Es decir, ante lapsos más o menos extensos, urge salirse de ese universo de blanco; humo nicotínico y mermelada empalagosa, que sin ser la solución, ayudan a entender muchas cosas.

Soy prisionero de un ejército microscópico. Soy prisionero de un enjambre casi invisible. Soy cautivo de una milicia celular…

Los dedos temblequean sobre el teclado y la panzada no desbloquea (sino lo diametralmente opuesto), no tienes más tabaco y surge el “ya está, dejo de fumar”, pero esto sólo sucede si el género de la cuestión se sitúa cercano a nociones reveladoras, a armonías místicas o tal vez si la inspiración ha sugerido una exposición resolutiva de lo nocivo de la especie humana (pero para poder lograr el desafío anteriormente dispuesto, la línea ha de ser rosa, colorada, o, en última instancia, color garganta.

No voy a escribir más. El ruido es tan intenso que me penetra por los oídos y repercute en todo el cuerpo, especialmente en la cabeza y en el corazón (debo admitirlo hidalgamente).

¿Qué es lo que pretendo? ¿A dónde voy? ¿Tengo que ir a algún lado?


sábado, noviembre 20, 2004

Habladurías en Rosario.

Se lleva a cabo el III Congreso Internacional de la Lengua Española. El discurso de enciclopedia y el repudiable absolutismo manifiesto en lo que se da en llamar "La lengua Española" pretende. Rompiendo el tinte colonialista, una Un vecino de esta ciudad, Conocido como el negro Fontanarrosa, se coló para hablar de "las malas palabras".

Estas malas palabras, representaron lo que, desde los despachos rebosantes de Real Academia, con discurso de nostalgia imperialista, darían en llamar malalengua. El rosarino, hablando de mujeres, fútbol y asado, se nutre de la historia, la filosofía y de los mitos que respira en su ámbito y convivencia. El mestizaje de su hablar y sentir, configuran un desconocer el cervantismo quijotesco con el que se fundamenta el congreso. La desfachatez con la que el autor de Inodoro Pereyra intervino, fue el eco que llegó desde el I Congreso de laS LenguaS.

El encuentro de las lenguas, llevado a cabo por distintas agrupaciones y colectivos culturales, académicos y de comunidades autóctonas, plantea la contra cara de la realidad lingüística y social iberoamericana.

domingo, octubre 03, 2004

Filosofías Patrocinadas

En la discoteca, todos bailan frenéticamente, los altavoces (y los caramelitos de colores) hacen vibrar los cimientos, los cuerpos sedientos emprenden travesías en busca de agua fresca, que los hidratará momentáneamente. Las conversaciones, inconclusas, banales o profundas se repiten, y con esfuerzo sobrepasan las barricadas acústicas. En medio del “subidón”, el DJ oprime el botón indicado en su consola, y una marca de refrescos nos recuerda, a través de un holograma, que
La soledad nunca nos ha dejado solos.

Hallazgo en servilleta

“Escrito en una servilleta se ve una cita que reza: “Escrito en una servilleta se ve una cita que reza: “Escrito en una servilleta se ve una cita que reza: “Escrito en una servilleta se ve una cita que reza (ad infinitum)…