la llegada del homo-lunaris a la tierrra
Cuentos, relatos, misceláneas...
-Y la verdad es que sí, hasta a mí, que sabes como soy, me pareció exageradamente violento y desconcertante…-
El interrogante
Es nomás levantarse y aparece la urgente apetencia narrativa. Salís de la cama con esa idea clavada en la cabeza, un pedacito de sueño que da pie a la esperanza de tener entre manos la idea definitiva, la excelsa manifestación del sujeto en términos de trascendencia y consecución. Café con leche y al ordenador con gesto que oscila dependiendo de lo que llamaremos “género de la cuestión”. Sorbito, palabra. Palabra, sorbito.
“…Soy el espía de larvas, las controlo con ojos serenos. Me llevo siempre un recuerdo para saciar mi egoísmo. Soy prisionero de un ejército microscópico, llegan todas y me poseen, me transformo en marioneta, me muevo como mariposa. Muto…” Una mierda, tengo hambre. Te levantas, abandonando por un momento las revelaciones obtenidas, y durante el trayecto a la cocina el tema en cuestión es absolutamente nutricional. Pan de molde, aceptablemente fresco, mermelada de frambuesa artesanal y una cuchara, resuelven la encrucijada. Es recomendable, también, acompañar el manjar con té o café, con leche más bien clarito.
En ocasiones, la comilona, pretende ser un desbloqueo creativo. Es decir, ante lapsos más o menos extensos, urge salirse de ese universo de blanco; humo nicotínico y mermelada empalagosa, que sin ser la solución, ayudan a entender muchas cosas.
Soy prisionero de un ejército microscópico. Soy prisionero de un enjambre casi invisible. Soy cautivo de una milicia celular…
Los dedos temblequean sobre el teclado y la panzada no desbloquea (sino lo diametralmente opuesto), no tienes más tabaco y surge el “ya está, dejo de fumar”, pero esto sólo sucede si el género de la cuestión se sitúa cercano a nociones reveladoras, a armonías místicas o tal vez si la inspiración ha sugerido una exposición resolutiva de lo nocivo de la especie humana (pero para poder lograr el desafío anteriormente dispuesto, la línea ha de ser rosa, colorada, o, en última instancia, color garganta.
No voy a escribir más. El ruido es tan intenso que me penetra por los oídos y repercute en todo el cuerpo, especialmente en la cabeza y en el corazón (debo admitirlo hidalgamente).
¿Qué es lo que pretendo? ¿A dónde voy? ¿Tengo que ir a algún lado?
Se lleva a cabo el III Congreso Internacional de la Lengua Española. El discurso de enciclopedia y el repudiable absolutismo manifiesto en lo que se da en llamar "La lengua Española" pretende. Rompiendo el tinte colonialista, una Un vecino de esta ciudad, Conocido como el negro Fontanarrosa, se coló para hablar de "las malas palabras".
Estas malas palabras, representaron lo que, desde los despachos rebosantes de Real Academia, con discurso de nostalgia imperialista, darían en llamar malalengua. El rosarino, hablando de mujeres, fútbol y asado, se nutre de la historia, la filosofía y de los mitos que respira en su ámbito y convivencia. El mestizaje de su hablar y sentir, configuran un desconocer el cervantismo quijotesco con el que se fundamenta el congreso. La desfachatez con la que el autor de Inodoro Pereyra intervino, fue el eco que llegó desde el I Congreso de laS LenguaS.
El encuentro de las lenguas, llevado a cabo por distintas agrupaciones y colectivos culturales, académicos y de comunidades autóctonas, plantea la contra cara de la realidad lingüística y social iberoamericana.
En la discoteca, todos bailan frenéticamente, los altavoces (y los caramelitos de colores) hacen vibrar los cimientos, los cuerpos sedientos emprenden travesías en busca de agua fresca, que los hidratará momentáneamente. Las conversaciones, inconclusas, banales o profundas se repiten, y con esfuerzo sobrepasan las barricadas acústicas. En medio del “subidón”, el DJ oprime el botón indicado en su consola, y una marca de refrescos nos recuerda, a través de un holograma, que